Es ella. La que me regala sonrisas forzosas, la que hace que mis problemas se vayan, la única capaz de hacerme llorar en discusiones, y la única capaz de hacerme sonreír después de ellas. La que me alegra las noches con sus tonterías, la que me alegra las mañanas con un simple privado de buenos días, la que se merece el mundo simplemente por el echo de aguantarme tal y como soy, porque, me conoce mejor que nadie, y, ¿sabéis lo mejor? Que aún así, me quiere, y yo la quiero a ella. Porque me encanta despertarme por la mañana después de haber estado toda la noche soñando con ella, y siempre miro la conversación del día anterior, mientras miro el reloj y cuento los días que faltan para volver a verla, entonces me doy cuenta cada día un poco más de que sin ti mi vida no sería ni la mitad de buena de lo que es ahora, de que mis mañanas ya no serían lo mismo sin el recuerdo de esos sueños, sin alguien con quien hacerlos realidad, de que sin ti ya no tendría nadie que me hiciera llorar y me hiciera sonreír tres minutos después cuando me dice que me quiere pese a todo lo que la he cagado con ella. Entonces me doy cuenta de que solo me queda una razón por la que luchar, y que necesito tenerla conmigo siempre, porque sin ella, el respirar duele, sin ella el levantarse de la cama es algo que me gustaría evitar, sin ella ni ese olor de el campo por la mañana me parece igual, sin ella esa sonrisa de todos los días no sería lo mismo, sin ella mi risa se apaga y mi alma no brilla, sin ella mis mañanas se tiñen de negro y mis mañanas ya no serían de color de rosa, mis clases no serían lo mismo sin esa foto suya que tengo en mi carpeta y con la que me distraigo en clase, sin ella nada sería igual, y me gusta todo tal y como está ahora, por todo eso y por muchísimas más cosas, necesito tenerla a ella, porque ella es lo que complementa mi día a día.